jueves, 22 de octubre de 2015

La estrella de la muerte extermina un sistema solar.

De nuevo, como en todas las anteriores entradas desde finales de septiembre, queríamos recordarles que 100ceros se presenta a los Premios Bitácoras 2015 al mejor blog de educación y ciencia. Desgraciadamente un tsunami llamado educación, tal como decía Justo Giner en su blog Química del S.XXI, nos ha borrado del mapa y si no fuera por ellos ahora mismo iríamos el 8º o 9º, aproximadamente. Sin embargo, esto no es posible y actualmente vamos el 29º. Ya damos por perdida nuestra clasificación para estar en Madrid, pero intentaremos subir algunos puestos. Y esto sólo es posible votando, algo muy fácil. Le dais al botón de la derecha y seguís las instrucciones, muchas gracias.

Nunca antes la raza humana había sido testigo de un espectáculo como el comentado hoy, el final de un sistema solar. Gracias al telescopio espacial Kepler, un equipo de científicos del Harvard-Smithsonian Center of Astrophysics ha detectado como una enana blanca está pulverizando poco a poco un planeta pequeño.

Recreación del planeta desintegrándose a medida
que se aproxima a la enana blanca.
(Fuente: NASA)
La estrella de la muerte, como la han apodado los astrónomos, puede que haya sido la culpable del asesinato de seis planetas, convirtiendo este en su séptimo homicidio. El pequeño planeta, que orbita alrededor de la estrella WD 1145+017 cada 4,5 horas, se está desintegrando poco a poco debido a la gravedad del astro, pero ¿por qué sucede en este sistema solar y en el nuestro no?

La respuesta es muy sencilla. Mientras nosotros orbitamos alrededor de una estrella en el mejor momento de su vida, la víctima actualmente tiene la desgracia de girar entorno a una enana blanca, una estrella con un gran gravedad. Cuando una estrella similar al Sol empieza a morir, esta se convierte en una gigante roja que puede absorber a los planetas que están cerca (es lo que pasará con Mercurio y Venus, según los científicos) para más tarde "desinflarse" debido a la falta de gas que quema en su interior, para más tarde convertirse en una enana blanca, igual que WD 1145+017. Las enanas blancas tienen una densidad muy grande, lo que provoca que posean una intensa gravedad. Esta gravedad está siendo la responsable de que el planeta deje un reguero de fragmentos rocosos a lo largo de su órbita como si fuera un cometa, es decir, está muriendo poco a poco.

Este último descubrimiento supone para los científicos la respuesta a un misterio sobre las enanas blancas. Hasta ahora se habían encontrado enanas blancas solitarias cuyas capas exteriores contenían elementos más pesados que los átomos de carbono y oxígeno en forma de plasma que las forman. Algunos de ellos son magnesio, aluminio o silicio, componentes extraños en todos los tipos de estrellas. Ahora, gracias a WD 1145+017, los astrónomos están casi seguros de su origen, la desintegración del astro.

El dramático final de este planeta dará a los científicos la oportunidad única de observar cómo es el final de un sistema solar, y cómo será, seguramente, el final de nuestro Sistema Solar. El destino post-morten del cuerpo rocoso será formar parte de la capa exterior de su estrella, al igual que lo hicieron todos aquellos planetas que perecieron antes de que él.