domingo, 9 de octubre de 2016

Telescopio Hubble: Un cañón estelar en plena acción.

Recreación del cañón estelar.
(Fuente: www.nasa.gov)
El Universo nunca dejará de sorprendernos. El último hallazgo es un cañón estelar. Cuando oímos algo así, lo que normalmente nos imaginamos es una gran estructura alienígena que usa el potencial de las estrellas que tiene cerca para alimentar su disparo, tal como el que aparece en la última película de Star Wars. Y hasta aquí puedo leer, no vaya a ser que me acusen de hacer spoilers.

Sin embargo, el protagonista de hoy es uno muy diferente. Se trata de un sistema binario llamado Hydrae V, formado por dos estrellas, una gigante roja y otra cuya identidad no ha sido revelada a los científicos. Ambas se encuentran en la constelación Hydra y están consideradas como estrellas de carbono. La gigante roja, como ya hemos explicado en anteriores entradas, es una estrella supermasiva en el final de sus días. Poco a poco, este tipo de astro va liberando el material que la envuelve para formar una nebulosa. Una vez que haya acabado con todo, existen dos opciones. O la estrella se comprime hasta una densidad estable y se convierte en una estrella de neutrones o esta pierde el control sobre su densidad y se convierte en uno de los objetos más fascinantes del Cosmos, un agujero negro. Pero para todo esto todavía falta tiempo. Actualmente, este cuerpo se encuentra formando la nebulosa, gracias a las balas de cañón que dispara. ¿Cómo ocurre este fenómeno?


Lo primero es que las balas de cañón son enormes cantidades de material estelar (principalmente gas súper-caliente o plasma) que son desgarradas de la masa estelar hacia el espacio para, posteriormente, formar una nebulosa. Estas balas están a la impresionante temperatura de 9.400 grados centígrados de temperatura. Hay que tener en cuenta que el Sol tiene una temperatura superficial de 5.500 grados aproximadamente, por lo tanto, estas burbujas de gas le doblan casi el valor. Su velocidad es igual de asombrosa, ya que salen disparadas a una velocidad de cientos de miles de kilómetros hora.

Como comentamos antes, el cañón está compuesto por un sistema binario. Hasta ahora sólo hemos hablado de la gigante roja, pero ¿cómo interviene la otra estrella en el cañón? Esta estrella de menor tamaño y magnitud aparente orbita alrededor de su compañera con un período de 8,5 años. El astro, cuya existencia no ha sido probada por los científicos todavía, presenta una órbita elíptica con la gigante roja ubicada en uno de sus focos. Cuando la estrella menor pasa cerca de su moribunda compañera, la atracción gravitatoria de la primera desgarra una porción de material que sale disparada al fondo cósmico. Este es el mecanismo que acciona el cañón.

El cañón estelar paso a paso.
(Fuente: www.nasa.gov)
¿Y cómo saben los científicos todo esto? El principal responsable de este descubrimiento, como no, el Telescopio Espacial Hubble, ha fotografiado estas burbujas de gas flotando por el Cosmos a una distancia concreta. Calculando la distancia que las separa y la velocidad con la que salen disparadas, los científicos han podido comprobar que el intervalo de tiempo es de 8,5 años. Al no haber ningún fenómeno físico de la propia gigante roja que arranque material de esta manera, los astrónomos sólo tenían una opción: hay una segunda estrella que actúa como gatillo. Aunque el Hubble todavía no la ha cazado, lo más probable es que esté ahí, así que sólo toca buscar en esa zona ubicada a 1.200 años luz de nuestro planeta. Las primeras burbujas fueron detectadas en 2004, pero la última fue en 2011, hace cinco años. Esta, a diferencia de las otras, fue presenciada en directo, fenómeno que permitió a los astrónomos calcular la temperatura inicial y la velocidad de salida.

Este proceso empezó hace unos 400 años, por lo que a la gigante roja no le queda mucho de vida, ya que los procesos de formación de nebulosas ocurren entre 200 y 1.400 años. Aunque parezca mucho tiempo para la escala humana, hay que tener en cuenta de que hablamos del Cosmos, por lo que es un período de tiempo insignificante. Una vez que las burbujas se enfrían, estas se vuelven invisibles para la luz visible y el gas se empieza a expandir en todas las direcciones para formar esos espectaculares objetos cósmicos que llamamos nebulosas. No se sabe cuándo acabarán estos disparos ni tampoco cómo acabará la estrella. Pero pongámonos en el peor de los casos. Cuando la gigante roja colapse por su propio peso, esta se convertirá en un agujero negro, por lo que ya podemos decir adiós a su compañera. La estrella vecina y, probablemente, las últimas y más cercanas burbujas de gas, serán absorbidas por el agujero negro formando un impresionante púlsar. Así que nuestras generaciones futuras tendrán que estar pendientes del sistema Hydrae V, donde no sabemos que otras sorpresas nos esperan.