jueves, 17 de noviembre de 2016

El objeto más redondo del Cosmos (por ahora).

Comparación de Kepler 11145123 con el Sol.
(Fuente: www.teachtimes.com)
Desde pequeños hemos tenido la idea de que los grandes objetos que pueblan el Cosmos son redondos, perfectamente esféricos. Que pena que no sea así... En los libros de texto y en todas las imágenes que podemos ver en internet, tanto planetas como estrellas tienen una forma esférica, cuando en realidad son más parecidos a un balón de rugby (todo depende del cuerpo y de las fuerzas que se ejerzan sobre él). Algunos son más redondos que otros y hoy vamos a hablar del más redondo descubierto hasta la fecha.

Su nombre es Kepler 11145123 y se trata de una estrella a 5.000 años luz de la Tierra. Consiste en una estrella dos veces mayor que el Sol, mucho más caliente y mucho más luminosa. Pertenece a la especia de gigantes azules, el grupo que agrupa a las estrellas más calientes y brillantes del Cosmos. Algunas pueden superar los 50.000 K de temperatura superficial, mientras el Sol ronda los 6.000 K. Al ser de gran tamaño, este tipo de estrellas consume muy rápido el hidrógeno de su interior y su período de vida es muy corto (entre decenas y cientos de millones de años, una cifra muy pequeña si hablamos de escalas astronómicas). Una vez que el hidrógeno es consumido, la estrella inicia un proceso de expansión hasta convertirse en una gigante roja rodeada por una nebulosa formada por material expulsado de su superficie. Los científicos creen que el destino final de muchos de estos astros será convertirse en supernovas que iluminarán como decenas de estrellas el Universo.



Pero este cuerpo destaca por encima de los demás. Su redondez es única en el espacio conocido. La diferencia entre el radio del ecuador y el radio de los polos es mínima, de tan sólo 3 kilómetros. Para el Sol es de unos 10 kilómetros y nuestro planeta supera a ambos, 21 km. Cuanto menor sea la diferencia entre ambos radios, mayor será la redondez del cuerpo, ya que las distancias que separan el centro del ecuador y de los radios será casi la misma. Este fenómeno se debe, en parte, a la rotación del astro. Cuanto más rápido gire la estrella sobre si misma, la fuerza centrífuga a la que se ve sometida es mayor, deformando su cuerpo. Pongamos el ejemplo contrario a la estrella de hoy: una estrella de neutrones. Objetos de este tipo son capaces de dar decenas de vueltas en tan sólo un segundo, un fenómeno que ejerce una fuerte fuerza centrífuga y las deforma hasta parece balones de rugby. Sin embargo, esto no ocurre en Kepler 11145123, donde la estrella tarda en dar una rotación sobre si misma un total de 81 días, mientras el Sol lo hace en 27, creando una fuerza centrífuga despreciable.

Los autores de este estudio son la Universidad de Göttingen (Alemania) en colaboración con el Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar (MPS) y han investigado esta estrella mediante la astrosismología. Este campo de la astronomía consiste en estudiar las oscilaciones periódicas de las superficies estelares. No hay que olvidar que las estrellas son objetos fluidos con estructuras muy complejas que experimentan oscilaciones cada cierto tiempo. Al igual que una campana vibra de un cierto modo al ser golpeada (repitiéndose este movimiento hasta que el rozamiento la frena), las estrellas vibran periódicamente debido a su actividad interna (reacciones de fusión de átomos). Seguramente la palabra sismología os sonará y, sorprendentemente, tiene que ver con esto. El método que se usa en este campo es muy parecido al que se usa en la Tierra o en la Luna para estudiar las ondas sísmicas, por lo que podríamos decir que los científicos han captado los radios de la estrella estudiando sus "terremotos".

Estas variaciones pueden ser detectadas gracias a las fluctuaciones de brillo que provocan en la estrella. Durante cuatro años, el Telescopio Kepler de la NASA estudió este fenómeno en Kepler 11145123, y los científicos se dieron cuenta de un patrón: en las latitudes medias de la estrella (cerca del ecuador) la frecuencia de los modos de oscilación era más sensibles que en las altas. Luego, comparando ambos datos, extrajeron las cifras de los radios, obteniendo el objeto más redondo del Cosmos conocido.