jueves, 1 de marzo de 2018

Próxima b, de posible hogar de la vida a erial de cenizas.

Recreación de Próxima b orbitando Próxima Centauri.
(Fuente: www.cnet.com)
Próxima b fue el exoplaneta protagonista del año pasado. Un mundo muy parecido a la Tierra ubicado en la estrella más cercana al Sistema Solar, Próxima Centauri (a 4,2 años luz). Se trata de un planeta rocoso con una masa aproximada de 1,27 veces la de la Tierra y 1,1 veces su radio. Este cuerpo tenía todas las papeletas para ser el primer destino interestelar de la Humanidad en un futuro, ya que además orbita en la zona de habitabilidad. Sin embargo, nuestro gozo ha caído en un pozo.

Un equipo de astrónomos liderados por el Instituto Carnegie, ubicado en Washington D.C, detectaron entre los datos recogidos por ALMA (Atacama Large Millimeter Array) un evento que cambiaría para siempre nuestra visión del vecino más cercano. Ya sabíamos que Próxima Centauri era una enana roja, un tipo de cuerpo estelar que suele tener una actividad muy violenta, fenómenos entre los que se encuentran las llamaradas estelares. Sería como la hermana pequeña con mala leche del Sol, un astro al que no nos gustaría orbitar.