viernes, 30 de septiembre de 2016

Adiós, Rosetta: Gracias por todo.

La sonda Rosetta aproximándose a Chury.
(Fuente: www.esa.int)
Hoy es un día triste, y a la vez feliz, para la ciencia. La misión Rosetta ha finalizado hoy y de la manera más espectacular, estrellándose contra su objeto de estudio: el cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko. Se trata del primer cometa explorado por el hombre, ya que Philae y Rosetta han sido los primeros instrumentos en posarse y orbitar alrededor de un objeto de este tipo. Gracias a estos 12 años de estudio, Rosetta ha llenado ordenadores de datos sobre este inestable cuerpo.

Cuando decimos inestable, hay que recordar que 67P es un cometa, y por lo tanto, al igual que todos los de su especie, este puede tener cola. La mayoría de los cometas están rodeados por una capa de hielo y polvo que posteriormente forman su cola. El estado latente termina cuando este inicia su aproximación a la estrella que orbita. Gran parte de las ocasiones, suelen dar la vuelta a su estrella y volver a alejarse. Cuando esto ocurre, las capas de hielo y polvo se derriten debido al calor estelar y forman esas impresionantes colas que tanto nos gustan. Sin embargo, hay algunos que se acercan demasiado. El destino de estos es un poco menos agradable, ya que son atraídos por la gravedad de la estrella hasta formar parte de esta, fundiéndose en su superficie. También hay otros destinos: pueden impactar contra un planeta que se ha cruzado en su camino o pueden ser atrapados por la gravedad de estos para empezar una nueva vida como satélite. El cometa Chury ha tenido la suerte de completar su órbita y es por eso que lo consideramos un cuerpo tan inestable. Aunque no lo parezca, las colas de polvo y gas suponen un peligro para la sonda Rosetta, ya que puede afectar a sus paneles solares o a la maquinaria de su interior. Y esta es una de las razones de su final.


Los científicos no podían permitir que la sonda, tan vital para la misión (después del desastre de Philae), se viera afectada por esas violentas emisiones. Por ello, y a diferencia del resto de sondas que orbitan planetas, los miembros del equipo de la ESA tuvieron que gastar gran parte de su combustible en cambiar la órbita para mantener la integridad del satélite.

El cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.
(Fuente: www.esa.int)
Ya que nombramos Philae, vamos a hablar un poco de él. De todos modos, hubiésemos hablado más tarde, ya que supone una de las partes más interesantes en estos 12 años de misión. Todos sabemos que el pobre Philae no acabó bien. Se trataba de un módulo de aterrizaje con numerosos instrumentos para estudiar al detalle la superficie del cometa, pero cuando la sonda Rosetta lo soltó, no todo salió como esperaba. El módulo tenía tres patas de anclaje que le permitirían adherirse a Chury, pero uno de ellas no se desplegó y aquí comenzó la locura. Philae, debido a la fuerza del impacto, dio varios saltos que lo desplazaron a una zona de penumbra, es decir, la luz del Sol casi no llegaba. Como todas las misiones espaciales, este módulo se alimentaba de energía solar y sin tener acceso a ella, el futuro estaba muy oscuro. Sin embargo, Philae no dio su vida en vano. Durante las veinticuatro horas que estuvo a pleno rendimiento (había que aprovechar su batería inicial), los científicos recibieron un montón de datos que se sucedieron entrada tras entrada en este blog (siempre que se podía, claro). Gracias a este sacrificio, pudimos descubrir la presencia de moléculas orgánicas en la superficie del cometa, uno de los principales objetivos de la misión. Después de casi dos años sin tener rastro de él (la sonda siguió orbitando el cometa, mientras Philae se echaba una siesta eterna), Rosetta encontró por fin a su compañero de viaje. No se podía hacer nada por el módulo, pero saber en qué lugar estaba ubicado permitiría a los científicos comprender mejor los datos que había enviado.

Philae aterrizando sobre 67P.
(Fuente: www.esa.int)
El descubrimiento de las moléculas orgánicas supuso un paso adelante hacia la confirmación de que la vida viene de los cometas. La teoría dice que las moléculas orgánicas que posteriormente originaron la vida en la Tierra procedente de los cometas que se estrellaron contra nuestro planeta en sus inicios. Esta teoría dice que el agua también procede de estos cuerpos errantes, pero parece ser que los datos encontrados en 67P descartan esta posibilidad.

Última foto tomada por la sonda Rosetta.
(Fuente: www.esa.int)
La misión fue lanzada en 2004 y ha acabado tal día como hoy, 30 de septiembre de 2016. Tras doce años de misión, y miles de datos que han revolucionado nuestro conocimiento de los cometas, Hoy, a las 12:39, el satélite de la Agencia Espacial Europea finalizó el estudio de Chury estrellándose contra este. Sin embargo, antes de morir, Rosetta ha enviado numerosos datos sobre la aproximación al cometa. Nunca antes se había estudiado un objeto así desde tan cerca. De hecho, la última foto que mandó antes de perder toda señal con ella, muestra la superficie de 67P de una forma borrosa pero a menos de 20 metros de altitud. Seguramente, en estos momentos, la sonda estará abandonada en la región de Ma´at. Sus equipos estarán apagados, ya que la ESA los programó para apagarse junto antes del impacto. De esta manera, el Universo no se contaminará de señales inútiles que interfieran en otras investigaciones.

Una cosa está clara. Hasta ahora, la misión Rosetta ha sido la más importante y emocionante de la historia de la exploración espacial. Gracias Rosetta por desvelarnos todos esos secretos sobre los cometas y a ti también, Philae, una parte fundamental de esta misión.